Qué ver en Vilnius

Vilnius es una ciudad pequeña y manejable para el turista, que puede recorrer todo su centro a pie en un par de horas. La ciudad destaca por sus edificios de estilo barroco, especialmente sus iglesias, pero en lo días de verano puede disfrutarse también de la tranquilidad de su amplia vida de terrazas y una animada vida nocturna.

La Plaza de la Catedral ejerce como punto neurálgico de la ciudad de Vilnius. En ella destaca la catedral de San Stanislaus y San Vladislav, un edificio blanquísimo con una entrada de columnas que recuerdan más a edificios griegos o romanos que a una catedral tradicional y, sobre todo, la torre blanca que alberga el campanario de la catedral y que está separada unos metros de la misma. Desde allí, se puede llegar a la mayor parte de los puntos principales de Vilnius en pocos minutos. La Universidad está a dos minutos y la calle más importante de la ciudad, Gedimino Prospektas, comienza en la misma plaza. También están cerca el Museo Nacional, la Torre de Gediminas y Pilies Gatve, la calle que atraviesa todo el centro histórico de Vilnius.

Gedimino Prospektas es la avenida principal de la ciudad. Va desde la Plaza de la Catedral hasta el río y alberga la mayor parte de las tiendas elegantes de la ciudad, además de algunos importantes edificios administrativos, como el Parlamento o la oficina principal de Correos. La calle va perdiendo animación y prestigio a medida que se va acercando hacia la Biblioteca Nacional y el río, pero merece la pena recorrerla entera.

A muy pocos metros de Gedimino Prospektas, en una calle paralela, está el Museo del Genocidio o también llamado del KGB, por estar situado en la antigua sede de esta organización. Es una de las visitas más impresionantes de la ciudad, sobre todo si se tiene la oportunidad de ir con un guía que vaya explicando los detalles. Hay que reconocer que es una visita macabra, ya que lo que se visitan son las salas donde se ejecutaba y torturaba a los disidentes y lo que se explica son los métodos de tortura utilizados, pero sobrecoge al visitante.

Volviendo a la Plaza de la Catedral, el segundo destino de interés es la Universidad, primero de los muchos edificios de tradición barroca que nos vamos a encontrar en la ciudad. Es un conjunto de edificios concentrado en torno a diversos patios, todos de un color blanco y arquitectura barroca, entre los que destaca el de la iglesia que tiene el campus en su interior. La Universidad, lejos de ser un monumento, funciona a pleno rendimiento, por lo que lo más normal es visitarla entre estudiantes, aunque hay dos visitas guiadas cada día.

Por la parte trasera de la Universidad, y saliendo de la Plaza de la Catedral, está la calle Pilies, que recorre de norte a sur todo el centro histórico de Vilnius, aunque cambiando de nombre a Didzioji poco antes de llegar a la Plaza del Ayuntamiento. Muy frecuentada en verano por los turistas, se puede pasear por su suelo adoquinado de camino a la plaza donde se reunen los puestos de venta de ámbar, deteniéndose en sus múltiples terrazas y restaurantes o dando algún pequeño rodeo para llegar a las numerosas iglesias situadas en las proximidades de esta calle. Este eje principal del centro histórico concluye en la única puerta de la muralla de la ciudad que queda en pie, donde se conserva la pintura de una virgen a la que se atribuyen poderes milagrosos y donde no es extraño ver a personas rezando en plena calle.

La zona de la calle Pilies -y la cercana Vokieciu- son dos de las más atractivas para los turistas que visitan la ciudad. Especialmente en verano, cuando se puede pasear por la calle sin miedo a las gélidas temperaturas del invierno y disfrutar de la fantástica cerveza lituana en alguna de las muchas terrazas que aparecen en aceras, bulevares y plazas de la ciudad. La vida en Vilnius cambia completamente del invierno al verano, en el que la temperatura suave hace que las calles tengan mucha más vida.

Algo más alejados del centro histórico, aunque no mucho, está la zona de la llamada República de Uzupis, un pequeño barrio en el que se han establecido artistas y bohemios y que tiene tal espíritu propio que han llegado incluso a crear su propia constitución totalmente utópica. Vilnius es pequeño, así que nadie debe esperar un barrio muy grande. Hay apenas un par de talleres de artistas y poco más, pero sí quees muy recomendable tomarse algo en las dos o tres terrazas que hay junto al arroyo que bordea la zona. La tranquilidad está asegurada.

Al otro lado del arroyo están las iglesias de Santa Ana y San Francisco y San Bernardino, también pintorescas e interesantes, y para quien quiera hacer la ruta de las iglesias barrocas puede desplazarse un poco hacia el norte para encontrar la iglesia de San Pedro y San Pablo que, para mi gusto, es la más bonita de la ciudad.

Aparte de estos lugares de interés, quien viaje a la ciudad podrá también pasar por la Torre de Gediminas- torre medieval elevada sobre el centro de la ciudad- desde la que podrá ver una buena panorámica del Centro de Vilnius. También el Museo Nacional de Lituania, junto a la Catedral, puede ser una visita interesante para quien le interese la difícil historia de este pequeño país. Finalmente, la Torre de Televisión, algo alejada del centro, permite tener una buena panorámica de toda la ciudad y, además, tiene cierto valor histórico al ser el lugar donde los ciudadanos lituanos se enfrentaron a las tropas soviéticas durante los disturbios por la independencia en 1989.

Para finalizar, quien quiera una experiencia comercial o un simple paseo por una zona concurrida -algo especialmente importante en invierno- puede coger un taxi hasta el enorme centro comercial Akropolis y patinar un rato en su curiosa pista de hielo, abierta todo el año y a la vista de todas las tiendas.

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